Quemando la niebla encontré a veintitrés pájaros azules, muertos entre los zapatos de noventa y tres murciélagos, ausentes ahora. Cuatro esquinas dibujadas en el suelo precario con restos de pan y el arcángel subiendo las escaleras de Babel, nervioso. Poca esperanza y poca verdad en las averiguaciones de Samuel y Jonás, más valdría no haber apostado nada... Una vida por delante de inspiración, se dice. He visto a veintitrés pájaros amarillos sonriendo a un médico inspector muerto. Tanta presión.