Fue preciso la colaboración de veintidós homosexuales para detener a varias mentes extraviadas o perdidas, que no es lo mismo, delante de la administración prusiana de los centinelas, sin aparentes sotanas pero con aparentes signos de embriaguez razingeriana y la señal de una cruz ligeramente inclinada (a la derecha) en cada frente, en cada frente...
Sólo dos ensaimadas mallorquinas saludaron al numeroso grupo de curiosos y periodistas, todos con cámaras de vídeo digital, que se agolparan en el espacio y tiempo requerido no por casualidad, rápido según se mire o crea, de menos de dos horas en que se encadenaron unos hechos, históricos para unos, inútiles para otros, necesarios para los más, y para los menos: Una morcilla negra...

Esparzo, parto, poso palabras, dibujos... Mis palabras, mis dibujos...
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